Tuesday, May 30, 2006

Formalidad y Especialización

El mercado Chileno (y me atrevería a decir que también el latinoamericano), se caracteriza por su pobre especialización y escasa formalidad, tal vez por su tamaño, tal vez por que nadie repara en ello, quién sabe.

En las tareas de ingeniería por ejemplo –no en todas las áreas, evidentemente, pero al menos en las áreas más “jóvenes” del conocimiento; como la Informática; la administración (académicamente formal) y el diseño; por citar algunas.

Famosos son en Chile los “Maestros chasquilla” y eso no es para nada casual. Este personaje; verdadera institución nacional; es parte de nuestro folklore, de nuestro “paisaje laboral”.

Se trata de un personaje que no se especializa particularmente en nada, pero es capaz de realizar las tareas más disímiles, con gran prestancia. No le teme a casi ninguna cosa y nada es lo suficientemente complejo como para no llevarlo a cabo.

Es un personaje, no sólo conocido y aceptado, si no que en ocasiones preferido y buscado, en vez de profesionales de las distintas áreas de servicio.

Pero, no tan lejos de esta realidad, se encuentran los “Maestros chasquilla universitarios”. Personajes que vivieron largas jornadas en las aulas y muchos años, adquiriendo conocimiento formal, para luego –ya en el mercado laboral- convertirse en “marginales” del conocimiento.

Maestros chasquilla, con ninguna especialidad, pero con gran experiencia “en todo” (o al menos así se publicitan).

Hacen de todo, pero nada lo hacen bien, o al menos nada lo terminan como corresponde. Perseguidos por sus clientes –que suelen serlo sólo por una temporada; hasta que se dan cuenta; se enfadan; cortan su relación y saltan al siguiente Chasquilla-.

Los desarrolladores de software, por ejemplo, se lanzan casi siempre a una loca carrera de escribir código, aún cuando suele no conocerse a fondo –de hecho, a veces, ni siquiera superficialmente- el problema que se desea atacar o resolver con el programa o producto final.

Abogados; albañiles; ingenieros; médicos, que desarrollan sus actividades en la más impune informalidad… y lo que es peor: Clientes que no sólo no conocen sus derechos como consumidores, si no que además son incapaces de reconocer la calidad y mucho menos pagar por ella.

Para que hablar de documentación de proyectos o actividades, si ni siquiera se hace planificación, estudio de costos, etc.

Conocidos son los casos de casas abandonadas a medio construir por que los propietarios se aburrieron de darle dinero al “maestro” que la estaba levantando. O el dueño de la oficina de

Contabilidad que ahora es dueño de “medio” software por que el programador abandonó el proyecto y literalmente desapareció. El cambio de lavaplatos que costó tres veces lo presupuestado por que nadie se detuvo a calcular correctamente los valores de materiales. Etc.

Todos estos problemas encuentran solución si damos y exigimos “Formalidad y Especialización”.
Esto tiene un precio, en ambos sentidos (con el trabajo que hacemos y con el que contratamos), pero créanme que es satisfactorio pagarlo… también en ambos sentidos.

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